REFLEXIONES EN ALTURA

REFLEXIONES EN ALTURA

Ciudad sin planificación, edificios carentes de criterio y sensibilidad arquitectónica, áreas donde  pareciera no importar escalas ni profundidades, donde un edificio enorme puede convivir al lado de una vivienda individual, filas de mampuestos que solo vemos como se van deteriorando con el paso del tiempo, donde muy rara vez solemos encontrar una delicada pero mínima ventana clandestina que nos permite “iluminar” y ventilar un ambiente.

Así se presenta Buenos Aires bien conocida como “La Ciudad de la Medianera”.

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Muchas son las soluciones que se han propuesto para una ciudad, donde la falta de ética y cohesión reflejan una condición de inconstancia, este es el resultado de que nuestra ciudad se fue construyendo al revés.

¿De dónde nace la intención de optar por la respuesta menos complicada sin tener en cuenta otras soluciones?

La medianera es un punto de contacto y al mismo tiempo debe ser un estimulador de diversidad arquitectónica. Los edificios que están destinados a crecer en altura deben ser capaces de poder evolucionar con el tiempo sin necesidad de comprometer la calidad urbana del vecino.

Lejos de afectar la calidad paisajística de la ciudad, estos mampuestos generan deficiencias en el medio ambiente. La ganancia de luz natural y aire puro es una mentira; son cuestiones que quedarán sin resolver, pero que nos sirven a futuro para darnos cuenta de que las soluciones para este tiempo abarcan una profundidad mayor.

La búsqueda de reinterpretar la medianera y dotarla de una flexibilidad con respecto a su vecina, ¿ Por qué no proponerlas como un nexo? ¿Por qué no podemos tomarlas como elemento proyectual en lugar de solo querer recubrirlas con programas que niegan todo tipo de posibilidades? ¿Por qué siempre la respuesta la encontramos en un edificio en la esquina que tapa la última medianera de la manzana?

Se han generado edificios en altura con una cara totalmente inútil, desperdiciada, donde podemos apreciar grietas en los revoques, humedad, equipos de aire acompañando en las fachadas, pintura anti humedad de diferentes colores, etc.

Si bien encontramos algo de caos, también podemos ver creatividad para resolver algunas de ellas, en algunos casos de forma anecdótica. Podemos ver desde grafitis, murales artísticos, encontramos una infinidad de carteles de publicidad y muchas veces se las utiliza para expresar la condición en que nos encontramos.

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Pero ¿Qué pasa cuando esto se empieza a descontrolar y estos gigantes muros tapan los hitos urbanos de la ciudad?

Es cierto que cuando la medianera aparece, se le busca como respuesta una placa para tapar esa cara ciega, generándole una nueva fachada. En otros casos le han sacado provecho edificios vecinos, donde esas caras opacas reflejan sol y además cortan un poco con esa imagen formal de la ciudad, pero esto no debe tomarse a la ligera.

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 Casa doble – MVRDV

Tenemos la necesidad de entender nuestra ciudad y también de creer en el otro. Debemos resolver estos problemas de forma intelectual, haciendo de esto una reflexión y un reflejo de lo que queremos para la ciudad. Debemos dejar de pensar en el muro ciego, tenemos elementos que nos pueden ayudar a diseñar una ciudad más agradable. Tenemos la posibilidad de crear verdaderos vacíos programáticos en altura que den lugar al paso del sol y de la luz, espacios donde podamos interactuar unos con otros, ganar visuales, generar una mejor interacción  y así poner fin a otros problemas.

Más allá de crear un nuevo diálogo en las futuras intervenciones arquitectónicas, seguiremos habitando entre medianeras; esta ciudad que nos recordará con el paso del tiempo su falta de planificación, pero que nos ayudará a amortiguarla. Solo cuando el código deje de proyectar por nosotros, veremos ese cambio que tanto ansiamos.

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FUTURO PRIMITIVO

FUTURO PRIMITIVO

¿Nunca te has detenido a pensar en un proyecto de forma que “pareciera no tener proyecto”? Aunque parezca absurdo, eventualmente es posible; e interesante observar que las respuestas que están más cerca de lo natural (en lugar de lo artificial), encajan casi de forma espontanea en la vida. Imaginemos que tenemos un problema complejo; buscaremos una solución sencilla (de hecho, lograr encontrar la sencillez es lo más difícil).

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Acercarnos a lo natural es apropiarnos de lo cercano, de lo que nos es posible alcanzar. Ese ejercicio de observación, entendimiento y desarrollo es de por sí una síntesis. Trasladándonos a la arquitectura, el arquitecto es aquel que ve la respuesta antes de formular la pregunta; una respuesta clara y concisa a un problema complejo, ya que detrás de esa aparente sencillez se oculta todo un proceso de apropiación y comprensión, que genera un vasto conocimiento. Creamos en la potencia y naturalidad de la sencillez.

El gran dilema de los arquitectos cuando hablan de la sustentabilidad es no pensar un proyecto sin lo natural; en la actualidad un proyecto que no sea sustentable, no termina de encajar. Existe además en ello una belleza, la de la intervención justa. Imaginemos un lugar virginal y hermoso, en el que debemos intervenir. Nuestra estrategia de aproximación al proyecto puede verse en una divergencia; la de potenciar ese paisaje, o producir un contraste o ruptura con él. Probablemente la primera intención sea mucho más complicada de lograr, siendo la más humilde.

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Arquitectos como Eladio Dieste o Sanaa (entre otros), son capaces de hacer arquitectura con “casi nada”. La sutileza de sus proyectos casi se aproxima a lo arcaico, a lo espontáneo, como si hubiesen brotado de forma ligera y natural de la tierra, y se hubiesen instalado en ella con una narrativa clara y firme.

En una entrevista, el arquitecto Rafael Iglesias explica que él busca “proyectar cosas”, las cuales, a diferencia de “los objetos”, no tienen proyecto detrás. Toma como ejemplo una piedra y una silla; la silla es un elemento proyectado para sentarse, sin embargo, una piedra, que no tiene intención detrás, si cuenta con la forma y dimensiones apropiadas, permitirá sentarse en ella y nos incitará a ello. “Las cosas” se perciben de forma natural e instintiva, y muestran en esa sencillez la belleza de la creación.

¿Cómo podemos aplicar esta idea instintiva, sutil y primitiva a la arquitectura? ¿Es posible proyectar arquitectura sin proyecto?

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