LA MANZANA CONTEMPORÁNEA 

LA MANZANA CONTEMPORÁNEA 

La manzana es un principio general de urbanización que posee un valor universal y permanente, se presenta como un elemento estructurador de la forma urbana.

La manzana entendida no como una forma cerrada, sino como una unidad compleja, resultado de la articulación de diversas piezas, debe servir en la ciudad contemporánea para recuperar el equilibrio entre edificación y espacio libre.

Se considero ya errónea y reductiva la posición de quienes tratan de restringir el alcance de la manzana a un episodio histórico concreto como el de la ciudad industrial compacta que surge a mitad del ochocientos, como si ese modelo de ciudad fuera el único posible capaz de utilizar la manzana como recurso de proyecto.

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En los últimos años ha surgido una nueva generación de extensiones residenciales planificadas, basada en los modelos de ensanche tradicionales, ejemplos de la influencia que atribuye los males de la ciudad contemporánea a las propuestas de la arquitectura moderna, defendiendo el retorno a los sistemas de composición propios de la ciudad ochocentista.

Pero no confundamos las propuestas de la cultura moderna para la ciudad y la residencia con las aberraciones y grotescas caricaturas que de estas se han hecho. Descartando así toda compleja experiencia de la modernidad, viéndola como un error total y consiguiendo cerrar el debate sobre la ciudad contemporánea, un debate que la realidad se ocupa reiteradamente de colocar en nuestro horizonte problemático.

Los nuevos ensanches, implican una crítica a la fragmentación y el desorden de nuestra ocupación del espacio suburbano, con la mirada puesta en los valores de la ciudad ochocentista (trama viaria reticular, manzana cerrada y formación de una pantalla edificatoria continua), una mirada que ha venido caracterizando nuestras ciudades, primero las de mayor tamaño y luego las de tamaño medio.

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El problema es que en nuestra realidad metropolitana la forma urbana acotada, definida y conclusa ha desaparecido, y no es posible extender indefinidamente nuestro continuo urbano sobre el territorio a base de trazados geométricos y edificación compacta. Actualmente el territorio ya no es un espacio sin huellas y sin identidad, y nuestras ciudades ya no crecen sobre un espacio neutro o uniforme.

Los ensanches residenciales no pueden considerarse como los únicos valores positivos de la ciudad, opuestos a la condición negativa de la periferia. Estamos asistiendo a la emergencia de la periferia como lugar abierto, distendido y bien comunicado con los equipamientos e infraestructuras.

Campo y ciudad desdibujan sus límites. La ciudad difusa estaba ya contemplada y teorizada, por dos grandes modelos, “les trois etablissements humains” de Le Corbusier (1945) y “the new regional pattern” de Ludwig Hilberseimer (1948) y ambos llegan a parecidas conclusiones y los que deben dar forma al campo y ciudad son ellos mismos.

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